Malas Lenguas

Malas Lenguas

Como ustedes sabrán, han pasado casi 40 años de que no se le ve al Manoli, me refiero a el narrador, compañero del colegio Santa Margarita. Esto no se debe a los tantos rumores que corren como liebres en celo o serrano del mar. Se han escuchado muchas de estas historietas que sin no ser del todo mentira, han creado una persona casi mitológica, que debo ahora tratar de descubrir.

Primero, eso de que estuvo unos añitos (13) residiendo en una institución para la recuperación de almas perdidas a la delincuencia, nada podría ser mas lejano de la verdad. Podrán averiguar con las autoridades policiales locales e internacionales, donde su inocencia la podrán comprobar. No se acuerdan que era Prefecto de disciplina?

Detras barras

Segundo, el rumor de que formo parte de una falange subversiva, en alguno de los conflictos por la lucha por los derechos de los avasallados. Que tontería, nunca formaría parte de ningún grupo que aceptaría a alguien como el. Recuerden también que el nunca tuvo alma (alma de verdad) de mártir, a el siempre le gusto mucho los trapos, las mujeres y el buen trago. Se lo imaginan en la Sierra Madre, Angola o hablando Farsi? No señores(as).

Tercero, se dijo alguna vez que el primo del primo de alguien que visitaba el Vaticano por razones eclesiásticas, había visto en un grupo del Opus Dei, a un curita, que si se le gritaba Arequipeño characato, volteaba, y se remangaba la sotana para cuadrar al agresor. Ese curita no fue el. Cuando empezó a cantar en el coro del Colegio San Vicente de Paul, de Chiclayo, tuvo una epifanía que lo mareo momentáneamente, y pensó en convertirse en un soldado de la iglesia. Lo podrían ver dando la sagrada comunión, creo que de solo pensarlo es un pecado.

Curita

Cuarto, dicen las malas lenguas, aquellas que han visto pasar los años y presenciar con pavor los abates de la edad, la descoloración de los cabellos, las arrugas, la flacidez de las carnes, los pelos en la nariz, orejas y otras partes de la anatomía que prefiero no mencionar, tanto así como la disminución del “deseo”, de las habilidades motoras, sensoriales e intelectuales, en pocas palabras, que estamos reducidos a ser unos ancianos de casi 60 años. Hay rumores de que a este individuo, la edad no le ha pasado por encima, que aunque todos envejecemos, el se encuentra radiante, con casi todos sus sentidos, y sin recurrir a ningún artificio quirúrgico, prostético, o mágico. Se dice que quizás copio al notable personaje Dorian Grey, y que por la vanidad, que sabemos lo caracteriza, hizo el pacto. Esto, no es así señores(as), y lo puedo comprobar.

Adjunta va un cromos que ha llegado a nuestras manos, tras una larga búsqueda, un sinnúmero de pagos de alto monto, para finalmente esclarecer, este misterio. Esta imagen contradice, las representaciones que este señor viene haciendo hace largos años. La imagen fue tomada en uno de esos balnearios exclusivos del país al sur de USA, por razones de seguridad personal, y para que no peligre su anonimidad, preferimos no divulgar el sitio exacto (Aca Pulpo). Finalmente uno de los cientos de paparazzi han capturado al susodicho en su estado natural. Todavía no podemos identificar a su acompañante.

Como verán, el recordado muchacho, si que ha cambiado, noten, que aunque esta bronceado, fenómeno que estira la piel temporalmente, ya se le puede constatar, las arrugas que nos afligen a todos por igual. También se puede notar el ensanchamiento de cráneo frontal, descubriendo una frente de mas de 20 dedos (cuatro son ideales). Algo que me sorprendió sobremanera, fue la envergadura a la que ha llegado ese cuerpito glorioso de atleta que todos recordamos.

Señores, dejo en sus cálidas manos esta información que no puedo encubrir mas. Las mentiras, engaños y decepciones que hemos soportado todos estos años, merecen la luz y claridad de la verdad. Yo por lo menos me siento mejor, de comparar mi vejez con este señor que quiso tan vilmente engañarnos. Esas imagines que el ha puesto en su Facebook, tienen que haber sido retocadas con el FotoChop. Ahora no se puede creer nada.

Ano-ni-mo

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Vida de perro

Durante mi ultima estadía en Lima y como de costumbre buscando algo nuevo por descubrir y entender, note algo que anteriormente había observado pero no había considerado con detenimiento.

En mis salidas a caminar por el malecón y los parques que rodean a Miraflores, había cruzado muchas veces a perros atados a sus correas de la mano de sus caminantes. Entiendo que estos animales requieren ser paseados, al menos una vez al día. Algunos vienen de la mano del amo, otros con la empleada y hasta algunos acompañados de personas dedicadas a caminar animales.

Perro

Algunas veces no puedo saber quien camina a quien. Sabemos que caminar es un buen ejercicio, sin ser el mejor. Al no haber tenido perros en mi vida, mi conocimiento sobre ellos se limita a poder nombrar las razas mas conocidas. Observo detenidamente a los animales a cada extremo de la correa, todos se comportan igual. Están domesticados, han recibido el mismo adoctrinamiento. Esto ayuda a la sociedad a mantener el orden con reglas.

Donde vivo en USA, cada vez que encuentro este mismo cuadro, mi experiencia es muy distinta. Los perros al notar un humano, lo miran con interés, casi siempre mueven la cola indicando alegría en espera de afecto. Están acostumbrados al cariño de los extraños. Los amos aceptan y se deleitan con la atención a sus animales, muchas veces hasta es razón para iniciar una conversación. Se dice que si un hombre solo quiere atraer al sexo opuesto, solo tiene que tener un cachorro con el en un sitio publico.

Paseando el perro.

Vuelta a Miraflores, estos animales se comportan distinto. No te miran, no se alegran al ver a otro animal, son snobs o altaneros, por que será? Una posibilidad, es que, dada la estratificación de la sociedad por razones raciales y socioeconómicas, estos animales han aprendido a solo relacionarse con otros a quienes conocen, por consiguiente no existen los desconocidos. Recuerdo el dicho que escuchamos todos en nuestra infancia, “no le hablen a los desconocidos”, parecen que todos estos animales aprendieron muy bien esa lección.

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Viajando con Morfeo

Desde niño anhelaba con visitar tierras extrañas. El encanto de poder subirse a una de esas naves gigantescas que me transportaran en alto confort a parajes desconocidos, era uno de mis gratos pasatiempos cuando ojeaba las revistas para encontrar esos pasajes idílicos en las primeras hojas publicitarias.

Propaganda.

Varios elementos se repetían con cierta regularidad en los avisos, todos, en mi niñez vendían elegancia y lujo. Lo mas importante era el destino. Grandes ciudades europeas con sus icónicos monumentos. Londres y el Big Ben, Paris y la torre Eiffel, Roma con el coliseo, Madrid con el retiro, etc. Los viajeros, una pareja joven, con o sin niños, vestían atuendos especiales, dependiendo donde iban, a la cuidad, montañas, etc. Eran todos bellos y por supuesto caucásicos. Después de vendernos ese sueño, no presentan como llegaremos a nuestro destino. Una brillante nave de ultima generación con todos los confortes posibles.

Yo ya había comprado el paquete desde solo verme disfrazado de alguien quien no soy. El poder reinventarme en un sitio distinto siempre me ha intrigado. No solo me atraía visitar estos sitios, sino que también tenia mis preferencias. No estaba dispuesto a visitar lugares que yo consideraba inhóspitos. Esta distinción, he llegado a entender como un proceso de selección dado por mi mas profundo ser, el que teme también ama.

Por supuesto que viajar era otra cosa, solo la gente pudiente lo podía hacer. Requería, bolsa de viaje, dinero para gastar en transporte, alojamiento, meriendas y atracciones. Este dinero también tendría que ser en la moneda extranjera, usualmente con un valor mas alto de la nuestra. Había que ir al banco y abrir una cuenta en moneda extranjera con un banco socio en el destino para poder apersonarse allá y extraer el dinero. Otra opción era de comprar cheques de viajero o cambiar a la moneda del destino. Este dinero tenia que venir de los ahorros, no podría ser extraído del diario, a menos que se hiciera un gran esfuerzo. La diferencia del valor del costo de vida en los destinos en relación al país de partida, también importaba la capacidad de gozo del viaje. A mas baja la moneda, mayores placeres rendiría el dinero llevado y viceversa.

El viajar era todo un proceso. Los atuendos eran recomendables, sino requeridos. Dependiendo el destino, enteras colecciones de ropas pudieran ser imprescindibles. De todas maneras esta era una oportunidad para por lo menos llevar un nuevo par de zapatos, cosa que como ya todos sabemos es algo no muy recomendado. Si fueras a Londres, no olvides el paraguas y el impermeable, a Paris los pañuelos de seda y los tacos, a Niza la ropa de baño. Por supuesto que seria mejor comprar todo esto allá, pero tomaría algo del corto tiempo para la visita y sin saber los precios, podría romper la bolsa de viaje rápidamente.

Dos cuidados me ilusionaron, Londres y Paris. Las dos por su elegancia. Londres por los hombres con sus impermeables detalladamente doblados sobres sus brazos, donde sus manos tenían el mango de un paraguas que apoyando al piso les servía como un aditamento mas para su delgada postura. Otras veces el paraguas era utilizado como puntero mostrando una de los monumentos. Paris por la elegancia de su moda femenina, siempre delgadas, con trajes apretados, carteras pequeñas y tacos, sentadas fumando en un café en una acera.

Viajar podría ser un escape? Escape de que? Es como vivir otra vida, estar donde nadie te conoce, donde tampoco uno conoce mucho, solo lo leído. Todo es nuevo, esto puede ser algo desconcertante y hasta angustiante. De todas maneras implica un cambio de hábitat, de costumbres, comida, en fin un gran cambio. Lo nuevo puede ser inquietante.

Desde mi punto de vista, mirando los avisos, soñaba con viajar. Me imagino que ese era la meta de los publicistas, enamorar al lector con su producto o servicio. Yo ya lo había comprado.

Crecí en un país en vía de desarrollo, en el cual los sueños eran imprescindibles, dicen que soñar no cuesta nada. Es verdad cuando se limita a solo desear, es otra cosa cuando uno quiere implementar esos deseos o sueños. Dependiendo de los deseos, podemos endeudarnos económica, emocional y hasta comprometer nuestro ser para alcanzarlos.

La multitud de deseos humanos son solo limitados a la imaginación de cada uno de nosotros. La sociedad y nuestra propia condición nos impone limites, que algunos se pueden resolver, pero no todos. Hay cosas que están fuera de nuestro alcance, volar como una ave es imposible. Nosotros mismos no ponemos limites, algunos sabemos mejor que otros lo alcanzable. Pero viajar con la imaginación lo único que nos quita es el tiempo en soñar.

No encuentro mucha diferencia en el soñar despierto o dormido. Se bien que dormido no controlo lo que sueño, pero no estoy tan seguro que despierto tengo mas control. Despierto solo puedo soñar con los deseos de los cuales estoy consciente, mi consciencia esta enteramente controlada por mis experiencias. Si no escucho caer el árbol en el bosque, realmente se cayo? En pocas palabras mis vivencias son lo único que tengo para poder crear deseos. Todavía no deseo ir a el planeta Próxima b (Trappist 1c), por que no tengo suficiente información sobre si la pasaría bien allá, sin contar con los detalles del arduo viaje, quizás algún día.

Hay momentos cuando estoy creo que despierto pero me he dado cuenta que también estaba soñando dormido y salto de un estado al otro, espero esto se normal. En otros momentos me pregunto si la vida es un sueño, y si es así como sabemos cuando soñamos dormidos o despiertos?

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#46

Después de un año de ausencia, ya de vuelta en el primer día del curso de mi segundo año de universidad, buscaba caras conocidas. Sabia que encontraría a mis compañeros, era solo cosa de tiempo. Entre a una sala no muy grande donde habían sofás, mesas y sillas y un espacio abierto como para reuniones que no recordaba. Miraba las caras sin reconocer alguna. Era como si estuviera en un sitio equivocado.

Cafetería

Música sonaba, la gente conversaba contenta. Me acerque a un grupo de mesas redondas pequeñas que habían sido juntadas para agrupar a casi una docena de personas. Viendo que casi la mitad de las sillas estaban vacías, pregunte a las cuatro personas sentadas juntas al extremo opuesto si podría sentarme ahí. Con solo una señal de una mano, entendí que si.

Me senté y espere un momento estudiando el entorno. Después de no reconocer nada ni nadie, me levante en camino a una puerta que previamente había identificado como acceso a una cafetería manejada por asiáticos. Me puse en cola para pedir algo de comer mientras miraba la pizarra donde listaban lo que ofrecían. En la cola delante mío habían tres chicas que decían que el macarrones con queso era famoso. Decidí pedirlo.

Sentí algo extraño en la boca, como un hilo entre las muelas. Disimuladamente mire alrededor y volteando hacia la pizarra mete mi mano a mi boca para tratar de extraerlo y librearme de esa molestia. Lo cogí y empecé a tirar de el. Era como un hilo elástico, mientras mas lo tiraba, mas se estiraba. Ya tenia como 20 centímetros fuera de mi boca, lo envolvía en mi puño, escondiéndolo. Volví a tirar, esta vez hasta lo mas lejos que mi brazo llegara, es decir hasta mi pierna, sin lograr extraerlo totalmente. Sentía que no podía sostener esta acción mucho mas tiempo, y que pronto seria descubierto y consiguientemente ridiculizado.

Tire y tire con desesperación, el elástico tenia una textura liza, como si fuera parte interna de un algún animal, no se acababa. Después que jalar cómo seis brazadas, finalmente salió el final. Con este rollo fibroso blancuzco en mi mano izquierda, ya estaba tercero en la fila, pronto a pedir. Busque donde deshacerme de el, sin éxito. Me sentía muy incomodo, una gota de sudor corrió por el medio de mi espalda. Tres estudiantes del medio oriente estaban en la caja discutiendo con el cajero asiático. El les decía que unas muchachas habían pagado por un almuerzo y quería saber si uno de ellos era el beneficiario.

El asiático apuntaba a un papel grasoso con una inscripción. Los muchachos no entendían. El asiático, apuntando al papel dijo en voz alta Manuel, los muchachos me miraron y les dije, yo soy Manuel. Me dijo que unas muchachas habían ordenado y pagado eso y que Manuel lo recogería. El asiático me dijo también que no estaba listo y que fuera a sentarme y que alguien me lo traería.

Volví a la buscar la mesa y ya no estaba, el espacio había cambiado. Busque a los muchachos que estaban sentados y los encontré en otro grupo. Me senté y uno me dijo, dos muchachas han venido y han dejado sus bolsas y una botella de whiskey. No le di mucha importancia a ese relato. Sentí un tirón de mi oreja izquierda, antes de voltear hacia esa dirección, otro en la derecha. Sin voltear salte de mi silla y rápidamente voltee en postura defensiva. Eran dos chicas delgadas y altas, casi de mi altura, una muy blanca de tez con el pelo con ralla al centro y una larga trenza negra.

La otra algo trigueña con pelo muy corto, como un corte masculino, rubio casi blanco. Baje la guardia y una cogió mi cara y acercándose me dio un beso en los labios, puso un brazo alrededor de mi cuello y haciéndose hacia un lado, dejo que la otra se acercara e hiciera exactamente lo mismo. Al retirar sus labios, las dos me abrazaban y yo las apretaba hacia mi por sus cinturas. Se reían alegremente. La trigueña metió su codo en mi pecho buscando librarse, la apreté mas y soltó una gran carcajada. La de la trenza suspiro algo en mi oído y las deje ir.

Recogieron sus bolsas, la botella de whiskey y tocando mi rostro se alejaron. Este episodio había entretenido a los espectadores cercanos. Me senté y uno de los de mi mesa, me dijo, que fue eso, las conoces, quienes son? Me senté lentamente preguntándome que decir. Después de un lapso en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido, las recordé. Eran mis hermanas, realmente no hermanas, habíamos crecido juntos gracias a la generosidad de nuestros padres adoptivos. No las conozco, les dije.

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Servidumbre

Después de tres y media décadas de trabajo en el campo de diseño grafico, lo que había estudiado, me encontraba nuevamente en una encrucijada. La crisis que afecto a todo el sistema económico mundial y los avances de la tecnología, hicieron que mi posición en la empresa que me empleaba, fuera eliminada. Yo estaba muy consciente del esfuerzo que hicieron por mantenerme, pero lo inevitable ocurrió.

Ya en mis cincuentas, la posibilidad de competir con jóvenes preparados y hambrientos fue fútil. En mi búsqueda de empleo, recordé mis años universitarios, en los cuales trabaje de varias cosas. La mas rentable y cómoda fue la de dar servicios por horas a compañías de eventos, donde trabajaba de camarero. Los lugares, fechas y horas las escogía yo. El evento mínimo era de cuatro horas, pudiendo ser mas. Me contentaba con dos o tres eventos semanales de cuatro horas. La paga era buena, usualmente había comida y mayormente eran en lugares elegantes.

Buscando trabajo de nuevo.

Ansioso por no rendirme y sentirme útil, volví a inscribirme con una de las mas grandes compañías de eventos. Tuve que comprarme un traje negro, corbata de lazo y un par de camisas blancas, necesarias para el trabajo. Entre en línea y escogí mi primer trabajo, uno en una galería de arte. Este tipo de trabajo, sabia que seria grande con mucha gente y de largas horas. Sabia también, por experiencia, que si uno se acercaba el jefe y le pedía que lo largara a las cuatro horas, cuando los invitados se fueran, no tendría que desarmar y cargar los camiones, algo que prefería ya no hacer.
Llegue al evento temprano, había mucho desorden y mala organización. Es en estos momentos donde uno puede distinguir a los buenos de los malos trabajadores. Los buenos ayudan a los capitanes, los malos se esconden y vagan.

Cuando era joven me gustaba ayudar y de esa manera sobresalir. Tenia varias ventajas sobre muchos de los otros camareros. Era joven, tenia modales, estudios y dominaba el idioma mejor que la mayoría. En esa época, los camareros eran mayormente españoles, italianos y portugueses. Eran camareros profesionales, sabían su oficio, pero no el idioma. Avance rápidamente y llegue a ser capitán de eventos pequeños y medianos.

Eventos

Ahora volvía después de décadas y sabia lo que me esperaba, excepto por el detalle de vida personal. Pregunte por algunos de mis conocidos, ya no trabajaban mas, ellos eran por lo menos diez años mayores que yo, y muchos aun mas. Recuerdo que había un viejo camarero filipino llamado Molina, que cuando entre al negocio y me conoció, le decía a todos que yo era su hijo. La voz se paso y como broma, yo afirmaba que si para divertirnos.
Mis esperanzas de encontrar a mis antiguos compañeros se desvanecieron rápidamente. Ahora los camareros eran mayormente latino americanos. Ya fluidos en el idioma, como si fuera la primera generación nacida aquí.

Decidí acercarme al capitán y ofrecerle mi ayuda y pedirle mi salida a las cuatro horas. Me dijo que ayudara a uno de sus asistentes y que vería después lo de mi salida. Me esforcé y trabaje bien, sabiendo bien que si se notara, el capitán optaría por mantenerme hasta el final por el calibre de mi trabajo. Usualmente se deshacen de los vagos, por razones obvias. Me la jugué, decidí por lo honroso y no por lo conveniente. Era también mi primer trabajo con la empresa y quería dar una buena impresión. Me hicieron quedar hasta el final. Trabajo duro de mover mesas, sillas, cajas pesadas de cubiertos, manteles, vasos y todo lo de la cocina y cargarlo en los camiones. Siete horas después, y con la espalda molida tomaba el metro para volver a casa.
En el evento me encontré con un solo compañero de antaño, un colombiano que era aun mas joven que yo en esos tiempos. Recordamos los nombres de los ausentes. Me conto que se había casado con una portuguesa, mujer que en esa época era odiosa, espero no haya empeorado. Cuando el pregunto por mi vida personal, tuve una duda muy grande en responderle. La mayoría de esta gente venia de situaciones humildes, dudo mucho que alguno de ellos haya ido a la universidad. Al menos así era en nuestra época. Ahora los muchachos que hacían este trabajo, se capacitaban mas y muchos eran universitarios, pero no mis contemporáneos.

Me pregunto donde vivía, sin pensar ni titubear le conteste en Bethesda. Oh, en Bethesda, esa es una muy buena zona, opino. Me di cuenta que muy poca gente que hace este tipo de trabajo puede vivir en zonas afluentes. Pensé que esto podría ser problemático para mi relación con mis nuevos compañeros. Tuve que pensar como arreglar esta revelación. Sabia que la siguiente pregunta seria, y como es que vives en Bethesda? Pues me la hizo, y le conteste, vivo en la casa de una señora mayor y su hija. Así, que bien, agrego. Hace unos veintisiete años que me ocupo de la casa, los autos las acompaño en sus vacaciones, cargo sus maletas, llevo a la niña al colegio y la recojo, en general estoy a su disposición. Que bien, estas contento? Pregunto. Si, en verdad no me puedo quejar, tengo mis salidas y tengo mi cuarto privado. ¡Eso es ideal! Exclamo. ¿Conoces a mas familias que puedan emplear así? No, realmente no.

Después de ese intercambio de información, volvimos a trabajar. Me quede pensando que si le había mentido, pero me convencí que lo que había hecho era decir la verdad omitiendo unos detalles que hubieran revelado mi vergonzosa situación económica y laboral. Lo que puede hacer uno para protegerse.

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Repentinamente

Cafetín

Cafetín

Repentinamente, como si fuera el comienzo de un sueño que te sorprende, me encontré sentado en un cafetín de estilo Americano con mesas y barra cubiertos de formica con pintas de varios colores, los bancos del bar y bancas de las cabinas de asientos cubiertos de lustroso plástico rojo. Las paredes y techos enchapados con placas impecables plásticas. En general el cafetín parecía estar mantenido como si fuera un quirófano. Las luces brillaban, después de observarlo detenidamente, note que podía ver ninguna sombra, al comienzo no le di mucha importancia, ya q habían muchas otras cosas que invadieron mis sentidos.

A dos mesas de la mía estaba sentado un hombre mayor que presentía haber conocido alguna vez, sin estar seguro. A mi derecha y contra una gran ventana estaba sentada mi única hija de nueve años. Al mirar en su dirección, casi como notar su presencia, mire a través de la ventana y vi una calle nocturna vacía, postes de luz iluminaban las aceras, bancas y un gran parque cercado con una alta reja de fierro, mas allá los altos arboles y la obscuridad del atardecer avanzado.

Esos momentos que son tan cambiantes, pero que rara vez apreciamos y damos por dados en los cuales nuestros días se convierten en noches. Este momento en particular me record una pintura de Magritte muy similar en contenido, donde un poste de luz alumbra una calle en penumbra habiendo todavía luz en el firmamento, algo surreal. Parecía que era otoño, mi estación favorita, me recuerda el cambio. Todavía podía percibir algo de color en los arboles del parque, también el olor de las hojas en deterioro y algo de humedad de lluvia inminente.
El cafetín estaba casi vacío, nadie se movía, ni un ruido, escuchaba solo el zumbido del silencio en mis oídos, o el tronar de mi pulso. La iluminación tenia un color verduzco y frio, no parecía real.

Parque oscuro

Parque oscuro

Después de observar, categorizar y tratar de entender, sin respuesta de mi paradero, me dirige a las cosas mas notables que nos rodeaban. El hombre sentado, después de volverlo a observar, me record a mi, como si me estuviera mirando en un espejo, que extraño. No se movió al mismo tiempo, y parecía algo mayor que yo, o por lo menos, a la imagen que yo tenia de mi en ese momento. Estaría soñando de nuevo? Tenia el torso descubierto, estaba quemado por el sol y tenia muchas pecas. No nos miraba, parecía leer, no se movía, pero de cierta manera sentía que había habido algún tipo de comunicación entre nosotros, aun en ese silencio.

Sentí un presentimiento y una urgencia de levantarme e irme de ese sitio, algo desagradable iba a pasar. Tome la mano de mi hija, me pare y tirando de su brazo la alce hasta q se paro. Estuvimos inmóviles por un momento que pareció mas largo de lo normal. El hombre desnudo también se paro y quedo quieto, como si nos estuviera imitando. Una luz tenue y verde pulsaba de su ombligo, era algo inhumano. Dicha luz empezó al pulsar rápidamente incrementando su intensidad hasta quedar continuamente prendida. Un rayo de luz verde emanaba de esa fuente de luz, siguiendo su trayecto note que apuntaba a mi abdomen, exactamente a mi ombligo. A través de mi ropa podía ver que de mi ombligo salía la misma tenue luz pulsante, también incrementando el pulso hasta tenerla prendida totalmente. No había sido un reflejo, no éramos iguales, pero similares. Estaba muy confundido, sentía el tronar de mi pulso en los oídos y mi respiración acelerarse.

Anteriormente, al haberlo visto sentado, no me hubiera imaginado lo extraño que era. Su semejanza física a mi, incluyendo los ombligos iluminados, harían de el y yo aparentemente de la misma especie, por consiguiente esa revelación era la única respuesta posible. Salte rápidamente al presentimiento de peligro q había sentido momentos atrás u decidí huir en vez de luchar. Pensé que huyendo encontraría por lo menos un momento de paz para poder tratar de entender lo que nos estaba pasando.

Ya parado, me puse el saco, pague la cuenta y tomando la pequeña mano de mi hija, la jale para que se montara sobre mi espalda, esto era algo que hacíamos mucho y parecía natural y tenia una fluidez extraordinaria. Solo con un pequeño tirón, ella casi como volando se acoplaba a mi espalda como si fuera parte de ella. Con paso apretado y seguro fui a la puerta, voltee brevemente para ver si algo se movía, y al ver que no, empuje la puerta de metal y vidrio y salte a la obscuridad de la noche. Estaba buscando el manto de invisibilidad que ella brindaba, esquive los postes de luz y cruce la calle hacia en parque. Tenia la impresión que alguien me buscaría y tenia que pensar por que.

Corriendo con ella a cuestas, notaba que mi paso era rápido, ágil y casi inaudible, me desplazaba con extrema facilidad. Esto aliviaba mi alma, ya que mis esfuerzos de huir muchas veces han sido gravemente impedidos por el increíble peso de mis piernas de plomo. Entre sigilosamente al parque en búsqueda de obscuridad para escondernos. Encontramos un gran edificio de estilo greco romano que brindaba una densa sombra a uno de sus lados y no refugiamos en ella por un momento.

Mi hija dormía contra mi espalda, sentía su respiración rítmica, su cuerpo era pequeño y se adaptaba al mío como si fuéramos una solo cuerpo. Mientras me acostumbraba ala obscuridad escuche por primera vez un sonido externo, algo que venia de fuera, no de mi cuerpo, ni siquiera había escuchado mi aliento o el de ella.

Fue mas un ruido, trate de identificar su naturaleza, temía que nos hubieran descubierto. Pensé que no provenía de nuestros captores. Por que use esa palabra, esa palabra era fuente de angustia, siempre lo había sido. Ya no me preguntaba el por que, sino como evadirlos.

Salí nuevamente corriendo, mi cabeza casi a ras del piso brindando un beneficio aerodinámico que notaba con satisfacción. Recorrí vastos espacios con el mas mínimo esfuerzo y casi imperceptible.

Terminamos sin saber como en el interior de una gran casa vacía en el centro de la cuidad. Busque un sitio donde descansar, la descargue y sentándome en una esquina la eche en mis piernas cruzadas para que tuviera algo de mi calor. Ella dormía y yo pensaba en el como habíamos llegado aquí. Recordando todos los detalles que mi memoria podía ofrecerme, pero tan solo llegaba al cafetín, nada antes que eso. Lo notable era mi similitud con el hombre del cafetín, nuestra piel y los ombligos luminosos.

Ahora si recordaba el ombligo, mire hacia el y note que vestía ropa de tipo militar, una chaqueta gruesa con amarraderas de cuero cerraban mi torso. Abrí la chaqueta, buscando mi ombligo, vestía también una camiseta termal, cual levante para descubrir mi abdomen. El ombligo luminoso estaba tenue, seguidamente activándose con destellos y terminando iluminando todo el ambiente con una luz blanca intensa. Cubrí rápidamente mi abdomen para limitar ser descubierto.

Ya con la luz tenue, me preguntaba el por que de la actividad de la luz, ya había aceptado su existencia. Seria algún método de comunicación? Recordaba que cuando me acerque al individuo en el cafetín, las luces empezaron a activarse. Me quería comunicar algo que no escuche por que salí corriendo? Había estado allí para advertirme de algo.

Mi hija dormía placenteramente, la envidiaba. Me percate que no había cruzado palabra ni ningún tipo de comunicación con ella. Por que estaba ella conmigo, no era usual. La mire detalladamente preguntándome si era ella similar a mi, con esos rasgos que me habían sorprendido. Pensé despertarla para asegurarme que era en verdad la única hija que tenia. También pensé que ella pudiera ser la clave de la situación en la estábamos, ya que yo no tenia ni idea del por que. Estos pensamientos cargaron mi mente y quede dormido sin quererlo.

Desperté con sus pies clavados en mi espalda buscando mi calor, esto era reconfortante por que lo hacia siempre en nuestra cama. Nuestra, repetí, había otra persona en nuestra cama, mi esposa, su madre? Empezaba a recordar? Ella despertó y mirándome con una mezcla de sorpresa y felicidad, se arrodillo frente a mi y tirando su cuerpo hacia mi me abrazo. En ese momento empezó a pensar en su madre, donde estaba? Al separarse de mi escuche un gemido como si fuera a decirme algo. No lo hizo.

Quería preguntarle si sabia ella algo, pero antes decidí pensar bien en como hacer mis preguntas. Sabes lo que esta pasando? La pregunte. Vi sus ojos reaccionar a la pregunta, como si entendiera, pero rápidamente volvió a su previa expresión.

Si sabes que pasa, por favor dímelo. La dije. Nuevamente los ojos se encendieron brevemente para nuevamente volver a la expresión neutra. Pensé que podría estar traumatizada y no poder expresarse. Decidí no presionarla y esperar.

Yo portaba un pequeño bolso, miraría su contenido. La mitad de una barra nutritiva, una llave suelta, un lápiz, un negativo de película con cuatro cromos y un boleto de subterráneo. No había visto ninguno de estos objetos antes. Los revise varas veces tratando de extraer alguna pista que me diera indicios de las razones de nuestra situación. La barra nutritiva tenia un envoltorio en un alfabeto irreconocible. La llave parecía común, de aquellas que abren puertas principales de casas. El negativo me intrigaba, no podía reconocer las imágenes en la obscuridad. El lápiz estaba bien usado con marcas de dientes. El boleto tenia una saldo de 2.45. Si hubiera sido yo el que escogió estos objetos para portarlos, debería haber una razón para cada uno de ellos. Tendría que encontrarla.

Los débiles rayos del sol mañanero empezaron a iluminar la ciudad, debería utilizar la claridad que brindaría el día para descubrir mas indicios de la razón para estar en esta situación. Bese en la mejilla a mi hija y como incontables veces use las mismas palabras para levantarla. Tenia ya la media barra nutritiva en mano para dársela, la tomo y consumió en silencio. Trate con el mismo resultado de hacerle las mismas preguntas de la noche anterior.

Empezó a considerar nuevamente que ella era parte de la situación en la que me hallaba, y que cualquiera semejanza que ella tuviera a mi hija era algo creado para mi sosiego. Sentía como si estuviera siendo probado en un campo de estudio, como si fuera un conejillo de indias, y que todos mis intentos de escapar serian fútiles, ya que desde el cafetín era cautivo. Cautivo de quien, de mis ideas o de que?

Se me ocurrió indagar si su ombligo era como el mío. Le pedí que me lo mostrara, corrió su camiseta para mostrármelo, mientras subía la pieza no miraba hacia su ombligo, intensamente y con algo de malicia en su cara me miraba. Volví a mirarle el abdomen, su ombligo era normal, no como el mío. Que decepción esperaba que fuéramos iguales.

Era ella la normal, o era yo? Existe la normalidad? A quien persiguen, a ella, a mi, o a los dos? Otra complicación. Dicen que la preguntas no son peligrosas, las respuestas lo son. Ella empezaba a cobrar un valor mas importante. Presentía que ella podría brindarme información que me sirviera entender mejor nuestra situación.

Probé de nuevo hacerle preguntas, sabia que no respondía verbalmente. La tome por los hombres y asegurándome que me escuchara, la dije, si te hago preguntas que solo pueden responderse con si o no, me responderías? Movió su cabeza afirmativamente. Era un avance.

Pensé como organizar mis pensamientos para cuestionarla. Empecé con, sabes por que estamos aquí? Hizo el gesto de si. Esto me alegro mucho. Es por ti? No respondió. Es por mi? Si. Sabes por que no recuerdo nada antes del cafetín? Si. Quien era ese hombre en el cafetín? No respondió, claro no era una pregunta de si o no. Sabes quien era ese hombre? Si. Sabes por que estuvo ahí con nosotros? Si. Tenia el algo que decirme? Si. No habíamos hablado, como se hubiese comunicado conmigo. La luz, eso era la comunicación entre nosotros, pero yo no recordaba haber recibido nada.

Fue a través de la luz nuestra comunicación? Si. Sabes que me decía? Si. Era urgente? Si. Peligramos? Si. Por que? Silencio. Es de vida o muerte? Si. Estamos a salvo aquí por el momento? Si.

Cual era su razón de ser? Recordé una vida donde tenia una hija, contestar mis preguntas, acompañarme? Todos estos factores eran reconfortantes dada nuestra situación. Volví al hombre en el cafetín. Debería saber lo que me dijo ese hombre? Si. Como saberlo, no afloraba en mi consciente, tendría que rebuscar mis experiencias y posiblemente lo recordaría. Esa información me explicara por que estamos aquí? Si.

Respiro profundamente, cerré los ojos y trate de imaginarme en el momento de intercambio luminoso. Lo veía claramente como una película a color, pero muda. Deje que los detalles ambientales que tanto me agradaban pasaran a un plano secundario, lo vía al hombre frente a mi hasta no ver nada mas. Empecé a escuchar unas campanadas lejanas que se acercaban con un repicar rítmico, conocía esa tonada, la había escuchado desde niño. Ellas me trajeron un sinnúmero de imágenes de mi vida pasada, unas gratas otras no tan. Pasaban con en una presentación audio visual, las campanadas en creciendo. Las imágenes como las campanadas tenían un sabor familiar o conocido.

Sobresaltado, abrí los ojos y pregunte, ese hombre me dio esas memorias? No. Son las mías? Si. Me dio algo mas? Si. Sabiendo esto tendría que buscar las respuestas en mis memorias con mas detenimiento. Me estire de espalda en el piso, cerré los ojos y las imágenes volvieron. Entre todas la imágenes vistas con premura, había una irreconocible. La buque y centrándola la examine con detenimiento. Esta imagen creció en tamaño opacando al resto y tomando un sabor tridimensional que me envolvía.

Había ingresado en ella y era una habitación desnuda, yo estaba parado en el centro de un cubo blanco sin entrada ni salida.

Abrí los ojos y volví a este otro mundo. Me incorpore, mire a mi alrededor y mi hija no estaba, salte y de pie confirme su ausencia. Me temblaban las manos y sentí un malestar en el estomago. La idea de perderla era inconcebible, tuve que sentarme. Donde esta? Por que no esta aquí a mi lado. Lagrimas corrieron por mis mejillas hasta llorar desconsoladamente por su abandono.

Con un agudo dolor en el corazón sabia que estaba solo. Que haría? Quien me ayudaría a navegar este mundo? Se habría ido por alguna razón? Dedique un largo rato a pensar en mi nueva situación. Era ella solo un acompañante temporal? Sabiendo que nada es para siempre me consolaba aunque no lo entendiera. La extrañaría, nunca me había gustado la soledad. Agradecí los momentos que ella me había brindado, por mas efímeros que en mi opinión habían sido.

Cuando acepte mi estado, pensé que como en mis sueños, llegaría un momento crucial que causaría que despierte. Esto lo pensaba, por que la similitud de esta situación era tal con mis sueños, los cuales muchas veces semejaban la realidad. Estaría soñando o despierto? Siendo un sueño tendría que esperar su final. Si fuera mi vida real tendría que también esperar su final. Ni modo, la mejor opción seria de tratar de pasarla lo mejor posible en cualquiera de esto dos mundos. Esto me calmo.

Recogí el bolso y reexamine su contenido. Comí el resto de la barra nutritiva. El lápiz había escrito mucho, notas, sumas, restas, etc. Había ayudado a su dueño a anotar partes de su vida, era un instrumento que le había servido. Mirándolo, le agradecí su leal servicio.

Levante contra la luz la película y observando con cuidado el primer fotográma, era una escena de un grupo de personas alrededor de una mesa en un patio al fresco. Era yo uno de los comensales. Pero si era mi familia, mis padres, hermanos, mi tía y su hijo. Era un almuerzo en mi niñez, todos nos mostrábamos sonrientes y contentos.

El segundo fotograma tenia tres personas paradas frente a la puerta de una casa de ladrillo. Era mi esposa cargando a mi hija de un año y yo. Este recuerdo me trajo a mi mediana edad, ya no un niño.

El tercer fotograma era irreconocible. El cuarto estaba velado, negro sin imagen, como si el fotógrafo solo había tomado fotos hasta al anterior y no había tenido tiempo o vista para hacer esa ultima imagen.

Estaba nuevamente solo, pero no me sentía tan solo, me reconfortaban y acompañaban mis memorias. Estaba agradecido a la vida por habérmelas brindado. Me percate que había tenido una buena vida y eso me alegro.

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Los hábitos que nos habitan

Anonymous

Anonymous

Desde que me acuerde, tuve fascinación con los disfraces. En mi temprana niñez descubrí esto a través de los carnavales de verano. Los preparativos eran casi embriagantes para mi. Solo pensar en la transformación en un ser distinto del que éramos me intrigaba por las inmensas posibilidades de ejercer otro ego. Eran también fechas festivas llenas de sorpresas. Recuerdo que mis padres tenían fotos de su romance extrañamente vestidos, al indagar, supe que gozaban de esas fiestas paganas y o religiosas.

Mas tarde en mi vida también aprendí que las apariencias “pueden engañar”. No siempre lo hacen. Lo que uno percibe, esta condicionado por sus experiencias. En la casa de nuestros padres, tuvimos una niñez no exactamente convencional. Nuestros padres, creyendo en que la educación era lo mas importante a darnos, nos mandaron a buenos colegios, estos estaban casi fuera del alcance del presupuesto familiar.

Aprendí a vivir con poco. El par de zapatos comprados al inicio del año escolar, tenían que durar los nueve meses del año escolar. No solo durar, sino que tenia que mantenerlos brillantes, bajo las directivas familiares. Tome responsabilidad de esto y mantenía mi uniforme escolar mejor que muchos. No lo hacia por que lo deseaba, lo hacia por temor de parecer pobre. Me hice notar con el cuidado de mi presencia y con actividades preciadas por la sociedad.

En zoología, aprendí de la capacidad de algunos animales a mimetizarse y perderse al ojo del predador. Otros animales usan lo opuesto, en vez de esconderse, ostentan el peligro que causan de muchas maneras. Estas adaptaciones en el mundo animal, las he podido observar también en los humanos. Algunos se esconden otros se anuncian, pero finalmente nadie se entrega sin ofrecer alguna resistencia. Creo que el modelo que yo use, fue variando durante mi vida.

De niño, fui difícil, rebelde, mal estudiante y algo matón. Un día a mis nueve años cambie, algo que alegro mucho a mis padres. Creo que no tenían muchas esperanzas que me fuera bien en la vida. Tenia que cambiar de piel como lo hacen las serpientes. No recuerdo que me motivo a hacerlo, pero tengo algunas conjeturas. Mejore mis calificaciones y trate de portarme bien. Esto tuvo un efecto positivo en los demás, y por consiguiente en mi.

Entre mis doce y quince años, mi actuación era nada menos que ejemplar. Logre posiciones de autoridad y honor en el colegio. Recuerdo admirar a un compañero un año mayor, siempre impecable, zapatos americanos brillantes. Yo hacia lo que podía. Mi presencia era muy importante para mi en esta época, cosa que realmente no ha cambiado durante toda mi vida.

Alguna vez me he preguntado cual es correcto en el dicho, “la ropa hace al hombre, o, el hombre hace a la ropa”. Primero, es importante establecer que es el espectador, la persona que hace el juicio, y no del individuo que la viste. Es obvio que la ropa viste al individuo y que ciertamente dependiendo lo uno viste, es inescapable para la impresión visual que causa en el espectador. Este entendimiento confirmaría la veracidad de la primera parte del dicho.

También habría que considerar que si el hombre viste algo, es el que ha escogido la ropa y por consiguiente la ropa lo refleja. No solo eso, sino que el viene a ser el maniquí donde la ropa cuelga, y dependiendo de cómo la viste, esto impacta el espectador. Este argumento validaría la segunda parte del dicho. En resumen, yo creo que son inseparables, pero que sin el hombre no hubiera ropa caminando sola. Al final de todo, el hombre escoge su ropa como escoge su vida y hace lo que el quiere con ella.

Algunos tipos de habitos

Cuando era niño, la primera definición de habito estuvo atada a las vestimentas de religiosos. Los curas y monjas llevaban el habito de sus ordenes. Era un uniforme como cualquier otro, pero los identificaba con un ser todo poderoso. Esta vestimenta me intrigaba, era antigua y muy peculiar, tenia una autoridad que por un tiempo respete. Respetaba la buena intención del usuario, pero no tanto lo que representaban esas organizaciones. Era un buen disfraz encubriendo todo lo bueno y malo del ser humano. Desgraciadamente exigía una ciega fe en su sabiduría y bondad, algo que poco les vi ejercer. Eran como lobos con piel de cordero.

Después de haber usado muchos disfraces, buenos y malos hábitos, nuevamente me encuentro pensando en cambios. Algunos de los hábitos que me han habitado tienen que ser cambiados por que les ha llegado su hora. Son insostenibles y dañinos. En búsqueda de una nueva piel estoy, se que no será fácil, pero el cambio es inevitable y prefiero bien venirlo que rechazarlo.

Una idea es de dejar de esperar recibir de los demás y darse cuenta que todos estamos hambrientos por atención. Unos son mas obvios que otros. Creo que he intuido, algo tarde, que la pugna por el reconocimiento es uno de los males que afligen a la humanidad. Esa necesidad percibida, nos pone en competencia con el prójimo. Se nota sobremanera cuando, uno conversa con otro, el otro al escuchar lo dicho, se prepara para refutar, agregar o contradecir lo dicho, o aun peor expresar algo enteramente distinto de su interés egoísta. Esto muestra nuestra incapacidad de escuchar y por consiguiente tener interés, entendimiento y compasión por los demás. Solo queremos presentarnos y declarar nuestra relevancia en este mundo, donde sabemos nuestra insignificancia.

¿Si solo se pudiera obtener algo de felicidad a través de el enfoque en los demás y no en uno mismo? Pero eso es lo que dicen los pensadores. Por ahí leí algo así “Si amas a los que te aman, ¿qué beneficio te aporta?” Claro devuelves a alguien que te da, pero es solo retribución, no implica un gesto especial. Esta actitud de dar, no me es fácil. Este deseo de cambio va a requerir un gran esfuerzo, dejar de llorar por las injusticias hacia mi, y reconocer que todos estamos algo comprometidos con esa problemática. Creo que el primer paso será de empezar realmente a escuchar lo dicho y tratar de entender que lo dicho es de alguna manera un llamado a ser amado y no injustamente olvidado.

Como toda buena empresa o travesía a iniciarse, planeamiento es crucial para su éxito. Como mínimo es necesario trazar los puntos de partida y de llegada. El itinerario, siendo recomendable, es solo un esqueleto, ya que la vida me ha enseñado que los mejores planes a menudo salen mal. No solo eso, sino que el camino se hace al caminar y los imponderables harán de nosotros y nuestro camino algo único. Dicen que ningún hombre cruza el mismo río dos veces, porque no es el mismo río y no es el mismo hombre.

He conseguido cierta claridad de conceptos e ideas que durante mi vida han crecido en mi como grandes arboles frutales, unos dulces otros amargos y algunos venenosos. Ahora veo la huerta que sembré y creo poder distinguirlos.

Mis cruces anteriores han llenado mi vida de recuerdos, anécdotas y conocimientos. Recuerdo haber estado en este mismo sitio, eran otros tiempos, con otras metas, pero siempre con un inquietante deseo de resolver cierta problemática. En el pasado, había cosas mas urgentes a resolver, estudiar, trabajar, amar, etc. Ahora, habiendo cumplido de alguna manera con esos acometidos, tengo la oportunidad de regresar a este sitio con una meta mas especifica y con el resto de mi vida para completarla.

El rio me habrá visto muchas veces, con diferentes intenciones y disfraces, me pregunto como me vera ahora, me reconocerá, lo engañara el disfraz que traigo puesto, o vera a través de todas mis intenciones la esencia de mi ser? Mirara en mi a ese niño que al darse cuenta de si mismo, empezó el complejo viaje de su vida? Vera también mis creencias y las juzgara? Estaré desnudo frente a el? Pero quien es el? Otro ser? O soy yo el que lo crea en búsqueda de sosiego? Si, esto es parte de mi credo, soy yo mismo, examinando, cuestionando y juzgándome.

Creo que mas temor tengo en cambiar y convertirme en otro, que quedarme siendo el mismo.

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La llave del destino

¡Uno de los viajes mas largos de mi vida!

Flying to Paris

La mañana era radiante, sentía mariposas en el estómago, viajaría esa noche a París con mi nueva maleta. Estaba recién casado e ilusionado de encontrarme con mi esposa en esa bella ciudad y visitar Francia de acuerdo al itinerario ya acordado. Tenía que guardar solo mis cosas de aseo en la maleta, ya que estaba lista días atrás.

La mañana era radiante, sentía mariposas en el estómago, viajaría esa noche a París con mi nueva maleta. Estaba recién casado e ilusionado de encontrarme con mi esposa en esa bella ciudad y visitar Francia de acuerdo al itinerario ya acordado. Tenía que guardar solo mis cosas de aseo en la maleta, ya que estaba lista días atrás.

Villefranche sur Mer

Villefranche sur Mer

Momentos después me bañe y vestí con la ropa cómoda y limpia que había dejado especialmente sobre la cama para viajar. La maleta en la puerta, y yo listo para el viaje. Llegó el taxi, y camino al aeropuerto hice una revisión mental, confirmando que había cumplido con todos los requisitos indicados. La maleta era una delicia, las ruedas se deslizaban con facilidad y fue muy fácil navegar alrededor de los desordenados viajeros. Me acerqué al mostrador y rápidamente conseguí mi pase de abordaje, el boleto de recibo de la maleta y me despedí de ella.

Encontré la sala de espera, y como habitualmente hago, miro a la gente y les invento historias basadas en mis observaciones. Trato de que éstas sean lo mas extrañas, pero aun verosímiles. Entre todos mis acompañantes, había un hombre de barba, algo mayor que me intrigaba. Tenía puestas unas zapatillas de deporte algo usadas que no iban con el resto de su atuendo. Estaba solo, leyendo un libro, no se inmutaba con las andanzas de sus vecinos y los niños que corrían a su alrededor.

Nos pusimos en filas para abordar el avión. Tenía una bolsa pequeño en la mano, ya que prefiero no llevar nada en la cabina del avión. Llegué a mi asiento en el pasillo, al lado de la ventana de salida de emergencia. Sitio privilegiado por el espacio para estirar las pies. Puse mi bolsa en el espacio sobre mi asiento y me senté a esperar el vuelo. La gente lentamente se acomodaba. Vi que el extraño venía por el corredor de mi lado del avion, mirando los números de los asientos, miro mi fila, su boleto, el asiento y sin mirarme entró y se sentó con un bolso grande sobre sus piernas. Las estiró y abrió, puso su bolso debajo de el y cerró la piernas, como si escondiera algo.

Les Alpes

El jaleo del abordaje disminuía, los anuncios iniciaron. Despegamos en hora. Nos entregaron el menú de la cena. Escogí el pollo. Pasaron los cocteles, bebí un escocés. Llegó la cena y al final, después de esperar para ver si mi compañero me hablaba, decidí iniciar yo. Le pregunte si iba a París. Me dijo que su destino final era Bonn, Alemania. Sin pausar me dijo que era profesor y que iba a dar una charla en una universidad. Me preguntó sobre mi viaje y le conté sin muchos detalles nuestros planes. Me dijo que vivía en Washington, DC desde muy niño, que sus padres eran judíos de Nueva York y que eran comunistas registrados y militantes. Que su niñez había sido muy interesante, con visitas constantes del FBI.

Water landing?

¿Aterrizaje en agua?

Recogieron la cena, bajaron las luces y nos despedimos para dormir. Antes de dormir, revisé mentalmente lo necesario para mi llegada a Paris. Pasaporte, boleto de maleta, dinero, tarjetas de crédito, lo esencial, todo en orden. Súbitamente, me percaté que me olvidaba de la llave de la maleta, algo a lo que no estaba acostumbrado. Metí mi dedo en el bolsillo pequeño de mi pantalón y no la encontré, lo volví a hacer, como esperando encontrarla donde no estaba. Empecé a preocuparme. Revisé todos mis bolsillos, nada. Me levanté y fui a mirar en mi bolso, lo recogí y sentado lo revisé de punta a punta, sin éxito. Recordé haber puesto llave a la maleta y haberla guardado en el bolsillo pequeño de mi pantalón. Con gran sorpresa, y con un sudor frío en la espalda, me di cuenta que había puesto la llave, si en el bolsillo correcto, pero en el pantalón que ya no tenia puesto. El que tenía la llave lo había lavado, secado, doblado y descansaba en un cajón. La llave quien sabe dónde, todavía en el bolsillo, en la lavadora, secadora o perdida detrás del lavadero.

Recordé a mi esposa recomendándome que no usara la llave, algo que ninguno habíamos usado antes. Yo, en mi deseo de usar todo lo que la maleta ofrecía, le había puesto llave y ahora tenía que pagar por mi osadia. Sólo en pensar lo que me diría, me empezó a bajar la presión, sentía que la cabeza me daba vueltas. Estaba ya convencido que no la tenía la llave. La ansiedad, acompañada de una buena dosis de paranoia y la siempre presente fructífera imaginación estuvieron al acecho. Como era de esperarse, cuando deje de preocuparme y tuve un momento para pensar, escenarios terroríficos rondaban mi mente.

El mas factible y, desgraciadamente el más aterrorizante se desarrollaría asi. A mi llegada al aeropuerto Charles de Gaulle, pasaría sin problema por inmigración, gracias al pasaporte americano. La cosa se pondría difícil al recoger la maleta. Esa era una época difícil de terrorismo antisemítico en Francia. Vestía, una camiseta de rayas azules sobre un fondo crema, blue jeans y botines de gamuza. Decidí alejarme del judío, ya que su presencia me recordaba al estereotipo de terrorista y no quería aumentar las posibilidades de que nos vean juntos y pidan que abramos las maletas. No hubiera sido la primera vez que me sucedía, ya estaba acostumbrado.

Si fueran a pedir abrirla, tendría que decirles que había perdido la llave y aceptar las consecuencias de mi descuido. Podrían pensar que no quería enseñarles su contenido. Drogas, armas o peor algo explosivo. Al enterarse de mi dificultad en abrir la maleta, tomarían una posición defensiva. Cerrarían la terminal, aislarían a los demás pasajeros, me tirarían boca abajo al suelo con las manos entrelazadas sobre la nuca y con armas apuntándome esperarían al contingente contra bombas. Llegarían con un vehículo blindado donde pondrían la maleta y rápidamente la llevarían a un sitio seguro para examinarla y posiblemente explotarla para limitar su impacto. Estaría detenido como terrorista hasta probar ser inocente.

Le Mont Saint Michel

Le Mont Saint Michel

Este cuadro me recordaba algunas de mis pesadillas. Al dejar ya de temblar, y conseguir algo de calma, pensé como lidiar con este ímpase. Decidí salir del avión de los primeros, gracias a nuestros asientos y el viajar con un bolso pequeño, pude ser de los primeros de la cabina económica en pasar por inmigración y llegar a la entrega de maletas. La cinta transportadora inició su movimiento. Mi maleta fue una de las primeras. Pensé que si otros pasajeros tuvieran la misma maleta, les pediría que me presten su llave.

Saqué mi maleta de la cinta y esperé a los demás pasajeros. Divisé una maleta que se parecía a la mía, al acercarme confirmé que si, era idéntica, que alivio tan grande. Los pasajeros llegaban, las maletas giraban, vi dos mas idénticas. Tenia que mantener el ojo en ellas para ver quien las recogía. La primera la recogió un señor mayor y gordo con tipo del subcontinente índico. Vestía de traje, a su lado una señora muy bien vestida. Tomé mi maleta y me acerqué, les dije que había olvidado mi llave y le pregunté si tenía la llave de la suya. Me dijo que no, que su mujer le había prohibido ponerle llave a las maletas.

Decepcionado le agradecí y me acerqué a la única otra persona con una maleta como la mía. Era una mujer guapa y elegante viajando con su hija pequeña. Le conté lo mismo y me dijo que ella no ponía llave a sus maletas. Ya algo resignado a mi realidad, escuche a la niña decirle, mamá creo que tienes esa llave en tu llavero. Como la mayoría de la gente, tenía un llavero con muchas llaves, metió la mano a su cartera y lo sacó y me lo entregó. Identifiqué la llave e ilusionado la probé, traté y traté y traté desesperadamente sin éxito. Ya transpirando de ansiedad, me incorporé y le devolví el llavero, agradeciéndole su gentileza.

Paris-Lyon-Mediterranee

Vencido y rendido por la tensión, decidí arriesgarme con la aduana. Había pensado que si lograba pasar los controles de seguridad y entrar a la ciudad, iría directamente a un cerrajero. No podía encarar a mi esposa en esas condiciones, sería desastroso y posiblemente fatal. Cabizbajo inicie mi vía crucis hacia la aduana. Escuché que un hombre se dirigía a mi, era un empleado de la aerolínea, vestía un mameluco con un emblema. En francés me invitó a acercarme. Me dije, este es el fin de mi maleta. Me preguntó, ¿tienes problemas con la maleta? Con la garganta seca, traté de responderle, y dije algo inaudible, repetí que si, que me había olvidado la llave, casi llorando de alivio, como confesando un crimen después de horas de interrogatorio.

Aix

Miró mi maleta y me dijo que espere allí, volteo y entro en un elevador. Pensé que volvería con los gendarmes y que mi pesadilla se volvería realidad. Momentos eternos, apareció solo y sin titubear extendió su mano y entre los dedos tenia un objeto que brilló por el ángulo de la luz, lo introdujo en la cerradura y dio vuelta sin impedimento alguno y mi maleta estaba sin llave. Debió ver el alivio en mi cara que sonrió como un padre al ver a su hijo no ahogarse en la tina. Le agradecí efusivamente y le di la mano. Tomó mi mano y abriéndola puso la llave en mi palma. No podía creer en su generosidad, rehusé su oferta. Me dijo que la llevara, que esto sucedía muy a menudo y que las compañías de maletas les entregaban llaves extra, solo para esa eventualidad. También me dijo, que esa marca de maleta era muy buena y que las cerraduras eran muy seguras.

Aprendí algunas cosas que incorporé después de mi odisea. De la señora elegante, que los llaveros grandes son útiles y fáciles de no olvidarlos por su volumen. Del señor del continente indo asiático, que es mejor escuchar a la esposa en algunas cosas. De mi experiencia, que no hay plan perfecto y los mejores planes a menudo tienen tropiezos.

Bon voyage!

Le Voyage de Paris

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La familiaridad con el restaurador

Hace solo unos días, una pareja de amigos en una conversación en nuestra casa, mencionaron un nuevo restaurante en una zona elegante y céntrica de la cuidad. Pusimos fecha para visitarlo y degustar su ofrenda. Llego el día anticipado y llegamos en nuestro coche al local. Con mi usual habilidad, que es la envidia de mi esposa, encontré un estacionamiento muy cerca de la puerta del restaurante.

El local era pequeño pero acogedor. Nos llevaron al segundo piso, casi todas las mesas estaban ocupadas, eso era una buena señal. Nos trajeron la carta y empezó la negociación y selección de platos a saborear. La selección sigue a la negociación cuando los comensales acuerdan si comparten su selección. No siempre sucede, ya que hay muchos que desean solo gozar de su selección, sin degustar de la de los demás. Una persona en nuestro cuarteto prefiere no compartir, pero fue parcialmente convencido dado el argumento de probar este nuevo restaurante.

Una mesera joven con un acento extranjero nos atendió y pregunto si desearíamos ordenar algo para beber. Mi esposa sugirió el vino por botella, no el de la casa, ya que otros amigos nuestros nos habían advertido que no les había parecido muy bueno en su ultima visita.

El dueño, sabíamos que era el, por que los que nos advirtieron sobre el vino, lo conocen y ellos habían sido los que nos recomendaron ese restaurante, se acerco a saludarnos. Nos dio su nombre y la zona geográfica de su país natal.

Entendí que seria una de dos cosas, la primera, que el nombre de su cuidad o pueblo sea tan desconocida que requeriría otra explicación que alargaría el innecesario intercambio. O la segunda siendo que viendo nuestras caras de posibles ignorantes, hubiera decidido que era mejor nombrar una cuidad importante y decirnos que era de por ahí.

Cuando volvió con el vino que habíamos escogido de la carta, descorchándolo anuncio, este vino que van a probar viene de mi viñedo que había sido un manzanar en el pasado. Solo con esa sugestión, no pude quitarme de la cabeza que sabia algo a manzanas. Los aperitivos llegaron y estuvieron muy bien. La velada estaba prometedora. Ordenamos una segunda botella de otro vino. Los platos de fondo llegaron y estuvieron mejor de lo esperábamos.

Sorprendida con la etiqueta del vino en la mesa, mi esposa hizo notar que ese no había sido el vino que habíamos ordenado. Esperando un impase, pregunte, que vamos a hacer al respecto? Resolvimos hacerles notar. El dueño como es usual en muchos restaurantes, se acerco a nuestra mesa para indagar si estábamos satisfechos con la comida. Que se le dice a un anfitrión de su comida?

Mi esposa aprovecho su acercamiento para de manera muy cordial, hacerle notar que el vino que habíamos ordenado, no era el que nos habían traído. Después de corroborar nuestra orden en su ordenador, regreso y nos dijo que, le había pedido a una mesera que le alcanzara el vino ordenado, pero que le entregaron otro vino, y como las etiquetas eran similares, nos había servido uno en error. No cambio la botella, ya que solo restaba menos de la mitad, y anuncio que nos compensaría al final de la cena con un licor especial de su país natal. Acordamos que era justo, ya que nosotros también éramos delincuentes en no prestar la debida atención.

Dos copas en mano.

Después de los postres, el dueño se acerco con dos pequeñas copas en una mano, en la otra una botella sin etiqueta. Puso las copas en el centro de la mesa y vertió el licor en ellas. Lo miramos asombrados, éramos cuatro personas, y solo habían dos copas. Al notar nuestro desconcierto, voltio rápidamente y regreso con dos copas mas, las lleno y dijo, este licor es muy especial y es muy probable que ninguno de ustedes lo hayan probado.

No fue hasta que narre este episodio a los amigos que lo conocen, que recordé que cuando despreciamos el vino de su viñedo, sin darnos cuenta lo hubiéramos podido ofendido y que su venganza fue de convenientemente tildarnos de ignorantes.

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La edificación más deseada

Caminando un domingo por una área céntrica y bohemia de la ciudad, y pasando frente a un edificio que siempre admire, como uno de esos sitios soñados donde vivir, notamos un pequeño letrero indicando que había un departamento en alquiler.

La edificación deseada

La edificación deseada

Por décadas, con cierta regularidad monitoreaba los anuncios de alquileres o ventas en esa zona con el deseo de cumplir con mi anhelo y finalmente conseguir vivir ahí. Al pasar de los años perdí la esperanza de encontrar un departamento y me resigne a vivir en otro sitio. No recuerdo bien como vi el pequeño aviso puesto contra una gran ventana a un lado de la puerta del magnifico edificio. Recuerdo, que como miles de veces, había paseado por su frente, recordando todos sus detalles.

El edificio de cuatro pisos de estilo francés del Segundo Imperio, sobresalía elegantemente de sus acompañantes en la cuadra, por la exquisitez arquitectónica. Siempre excelentemente mantenido, los jardines impecables, era como ver a un caballero de alcurnia. Esta predilección mía, fue arraigada a una temprana edad y cultivada y reforzada con el pasar del tiempo.

Pensé que al pasar por esa ventana, no había visto el aviso, sentí como que lo que había visto, había sido una mano correr la cortina calada de hilo y nada mas. Este presentimiento me hizo voltear y mirar esa ventana nuevamente, para confirmar que si, el aviso estaba presente invitándome a una visita. Mientras lo leía, la misma mano lo extrajo y dejo caer la cortina, impidiendo mi acceso visual. Que raro, pensé, por que lo hubieran retirado tan rápidamente, que había sucedido. Habrían cambiado de opinión, había sido un error. ¿Sabrían de mis mas profundos deseos y estarían jugando conmigo?

No podía dejar pasar esta oportunidad, era la culminación de décadas de un deseo que parecía haber tomado una fuerza nueva a raíz de esa tentación. Me acerque a la puerta y presione el timbre rotulado portería. Una voz masculina de mediana edad respondió. ¿Buenos días, que desea? Mire, acabo de ver el anuncio de alquiler y quisiera saber si pudiera ver el departamento. ¿Alquiler? Señor, este edificio no ha tenido un departamento de alquiler en 40 años. Los dueños no venden, los entregan a sus herederos y menos los alquilan. Si señor, pero acabo de ver el anuncio en la ventana a la derecha de esta puerta, pudiera averiguar?

Señor, déjeme ver, ¿me espera un momento? Si por supuesto. Mientras esperaba, se ocurrían historietas para explicarme lo sucedido. La dueña del departamento detrás de esa ventana quería alquilar, algo prohibido en ese edificio, y de vez en cuando ponía el aviso para interesar a los incautos a preguntar sobre el alquiler. Ella estaba tratando de forzar un cambio de reglas antiguas, instituidas por ella misma, que ahora eran irrompibles.

Señor, ¿esta usted ahí? Si aquí estoy. Parece que ha habido un mal entendido, no hay ni habrá ningún departamento en alquiler. Pero la Sra. Dueña del 101, desea conversar con usted, ¿si desea pasar? No entendí bien la propuesta. No hay nada de alquiler, ¿pero una dueña esta interesada en hablar con un extraño que desea alquilar? La confusión me dejo mudo. Sr. ¿Estaría todavía interesado? Si, si gracias. Tenia por lo menos interés en visitar el monumental edificio.

Un largo timbre sonó, y la puerta de gruesa madera, acero y vidrio se entreabrió. Empujándola, pude acceder al largo vestíbulo cercado a cada lado por puertas de doble hoja similares a las de la entrada, pero aun mas elegantes. Cada una acedia a un departamento en la planta baja. El piso era de mosaicos con un motivo que inicialmente no pude distinguir. Me evocaba esos frescos que representan los cielos con nubes coposas y aves al vuelo, sin tener estos conocidos elementos. Los frisos geométricos floridos que marcaban la unión de las paredes con el techo, parecían hacer movimientos ondulantes como el agua corriendo en un riachuelo.

Al fondo del vestíbulo, delante de la gran escalera espiral iluminada por una cúpula de vidrio que se percibía desde la calle, había un alto escritorio moderno donde podía ver al portero mirándome. Inicie el cruce del vestíbulo, casi al llegar escuche el crujir de una puerta a mi derecha, algo que distrajo mi observación del mosaico. Continúe hacia el portero sin voltear. Frente a el, y mirándome intensamente, me dijo, la Sra. Blanco desea conversar con usted. Por favor pase, es la puerta de la izquierda.

Al voltear, la iluminación había cambiado el diseño del mosaico, era otra cosa. A mi entrada parecía algo pastoral. Con la luz a mis espaldas, los frisos ya no ondulaban, y el mosaico parecía imperceptiblemente girar en espiral como un remolino de agua. Era genial el efecto. Me dirigí a la puerta a mi izquierda que estaba entreabierta. Buenas tardes, dije. Pase, pase por aquí. Escuche una voz femenina venir de un salón a mi derecha. La cuadrada antesala tenia un gran espejo horizontal sobre una de las tres puertas dobles. El espejo pavonado y oscuro estaba inclinado para reflejar el recinto entero. Las cuatro esquinas estaban acompañadas de sillas idénticas de estilo francés, con espaldar de paja y pintadas en dorado.

En el centro del cuadrilátero había una mesa del mismo estilo con un tablero de mármol negro. A su centro un gran jarrón de porcelana de Seres con altas plantas secas. Sobre el mármol estaba el aviso con solo la palabra alquilo, en mayúsculas. Una sombra cruzo la luz que provenía de la sala con la puerta entreabierta, me distrajo y encamine hacia allá. Antes de cruzar el umbral de esa puerta, pensé que no me había visto en el espejo cuando entre a la antesala, me pareció extraño, pero lo deje de lado al entrar al salón.

Era rectangular, los mismos tratamientos y detalles decorativos que la antesala. A la izquierda, dos sillones de un cuerpo miraban a una grandiosa chimenea de estilo francés provincial, mas funcional que decorativa. Tres ventanas de doble hoja daban a la calle. A la derecha, tres sillones frente a una mesa de centro en admiración de una arpa dorada en la otra esquina. Sobre un banco estaba una mujer elegante vestida de gris que con un gesto de una mano me indico que me sentara en uno de los sillones frente al arpa.

Un acorde sonó, seguido por varios mas y después de otros identifique la pieza de Pachelbel, Canon en D. Esta pieza la había escuchado muchas veces durante toda mi vida, llegando a conocerla bien en mis veintes, cuando empecé a amarla. Muchos años habían pasado en el olvido. Era como un nuevo despertar. Al final de tocarla, aplaudí y la mujer me hizo una venia. Poniendo su índice sobre sus labios, entendí que deseaba silencio. Gesticulo que me sentara a su lado en la banca, volvió a iniciar la pieza. Me senté y susurrando me dijo, bienvenido, lo he estado esperando un largo tiempo. Puso su índice sobre mis labios y entendí que no quería que hablara. Mientras tocaba me contó.

Vivo aquí desde niña, mis bisabuelos llegaron y compraron este edificio hace siglos. Toda mi familia ha vivido aquí desde nuestra llegada. Todos los habitantes, somos de alguna manera familia. Hemos mantenido el edificio solo en la familia y los bisabuelos prohibieron la venta el alquiler o el ingreso a extraños. Mis padres eran primos hermanos y cada uno heredo un departamento. Yo soy hija única y soy dueña de dos departamentos. Este y otro en el ultimo piso, que lleva vacío 100 años.

Era alta delgada y con un aire aristocrático. Tenia el cabello blanco y corto detrás de las orejas. Notaba una mujer cuidadosa de si misma y detallista en su presencia y sobria vestimenta. Termino de tocar la pieza y postrando juntas sus manos sobre sus piernas, me miro como para saber si entendía algo de lo que me había contado. Entendía todavía que deseaba mi silencio, pensé que si quisiera mi intervención me lo diría. Se levanto, cruzo el salón y se acerco a una mesa bar al rincón izquierdo del salón. Miro en mi dirección y con otro gesto de una mano me indico que me sentara en uno de los amplios sofás frente a la chimenea.

Tomo un vaso grueso de cristal cortado y sirvió un licor de un decante. Acercándolo a mi me lo entrego. Volvió, y repitió lo hecho, con vaso en mano, se sentó en el otro sofá, levanto el vaso en forma de brindis, mirando la chimenea y sin mirarme tomo el primer sorbo, y descanso su cabeza en el respaldar como en satisfacción. Repetí sus movimientos para ver su reacción.

Tan entretenido con los fabulosos eventos, su cuento y el silencio impuesto, que había dejado de prestar atención a todos los detalles expuestos. Algo que sonaba como una moneda girando vertiginosamente sin parar, era cuando me dijo, “lo he estado esperando un largo tiempo”. La moneda empezó a aminorar su giro progresivamente en su inevitable camino hasta caer en el silencio. Esto me dejo con la interrogante y mas aun un sabor de algo conocido o ya vivido. Era como si entendiera lo dicho, sin tener manera de saber el por que.

Ella seguía en descanso, me imagine que estaría brindándome tiempo para digerir lo recibido. Tomé otro sorbo de licor y decidí no hablar hasta que ella lo hiciera y levantara esa orden de silencio que antes me había impuesto. Esto permitió que hiciera conjeturas que explicaran las posibles razones de mi oportuna situación tan largamente anhelada. La edificación había alcanzado un encanto mas allá de una obra arquitectónica. Su intrínseca belleza aumentada por mi deseo de gozarla habían creado un ser idílico que había sido alimentado por el deseo.

Miraba pero no veía, estaba ensimismado con mis pensamientos. Un acorde del arpa fue el que me trajo a la realidad. Mi anfitriona ya no estaba sentada a mi lado, estaba nuevamente sobre la banca frente al arpa. Ahora tocaba algo que no conocía, pero que tenia un sabor a música infantil, era suave y melodiosa. Me incorpore y puse de pie para mirarla. Volví a sentarme a su lado.

Entiendo que todo esto parecía algo extraño para ti, me dijo. Te he contado un resumen de mi vida en pocas palabras. Te estarás preguntando por que estas aquí. Te explicare, desde niña, viviendo en esta casa, escuchaba a mis abuelos, tíos y tías que el mundo fuera de esta casa era caótico, sucio, impredecible y hasta peligroso. Todo tipo de cuentos sustentaban sus opiniones. Mis primos, primas y yo fuimos educados a la manera de nuestros abuelos con tutores que venían a edificarnos. La niñez paso imperceptiblemente hasta la adolescencia, donde era necesario el contacto con los demás habitantes.

Al ser la menor de mi generación, e hija única, fui la ultima en socializar con extraños. Nuestros padres invitaban a sus amigos con sus hijos a grandes eventos sociales. Los salones y jardines se preparaban con mucha anticipación. Recuerdo con alegría los carnavales enmascarados por donde corríamos por toda la casa y hasta la huerta. Vi a mis primos y primas adaptarse bien a sus excursiones a extramuros. Mis padres, sobreprotegiéndome, impidieron mi gradual adaptación, hasta conseguir que desista de relaciones con extraños.

Es verdad que de niña fui algo enfermiza, pero ya en mi adolescencia, sufría solo esporádicamente de asma, cosa que yo consideraba muy manejable. Esta actitud de mis padres, a los cuales tenia que confiar, nunca creo en mi ningún rencor hacía ellos. Siempre pensé que estaban haciendo lo mejor por mi.

Poco a poco, me acostumbre a jugar sola, estudiaba, leía, tocaba el arpa y el violín y como sin darme cuenta cumplí treinta años. Todo este tiempo, mi sitio favorito para la mayoría de mis actividades era el poyo de esa ventana. A través de ella recibía la luz del sol y la luna, miraba como en una película los quehaceres de los transeúntes. Algunos pasaban inconscientes, entre destinos, otros con mas detenimiento, como gozando de la vida, respirando y observando su entorno. Pocos tomándose el tiempo de estudiar la calle, admirar los detalles y gozar de su existencia. Solo uno de esos transeúntes demostró un interés especial, algo que iba mas allá de lo ordinario. Ese transeúnte, eres tu. Por esa razón te he esperado tanto para brindarte una oportunidad que espero, por lo menos te intrigue y posiblemente no la puedas rehusar.

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